viernes, 2 de marzo de 2007

La comunión:


(Daniel Dañeiluk me envió una fotografía que me hizo recordar unas palabras que compartí con la iglesia hace algún tiempo)

Toma un momento para pensar en tu comida favorita. No me vayas a salir con “no tengo comida favorita” o “Toda”. Piensa, recuerda ¿Por qué es tu comida favorita? ¿Con quién la comiste por primera vez? ¿De qué platicaste alguna vez que la probaste? ¿Qué recuerdos te trae? ¿Qué te hace sentir?

No te estoy pidiendo que piense en platillos muy elaborados: Tuve una compañera de trabajo que de vez en cuando se comía un pan acompañado de una “Coca Cola”. Cuando nos pusimos a pensar porque lo hacía, recordó que eso era lo que su mamá (que era dueña de una tienda de abarrotes) le daba de pequeña para consolarla... no estoy diciendo que era una comida saludable, pero era una comida que sanaba su corazón; su mamá al verla entrar llorando por la puerta de la tienda la tomaba en brazos, la sentaba en el mostrador y mientras le consolaba le daba el refresco y la pieza de pan.

En mi caso y creo que es el caso de algunos, tenemos varias comidas favoritas. La comida es algo que nos trae recuerdos gratos, momentos que pasamos en compañía de alguien cercano, momentos que pasamos con personas que amamos.

Por muchos años la pizza fue una comida de fiesta en nuestra casa. Es una comida que nos trae recuerdos de felicidad, de celebración, de triunfo. Somos una familia numerosa, así que pocas veces salíamos a comer juntos. Sin embargo, cuando alguien se graduaba de la escuela o tenía un logro en algo, mi papá hacía una invitación que ningún integrante de la familia podía rechazar: ¡Vamos a comer pizza! El festejado era el centro de la reunión, incluso podía escoger los ingredientes que la pizza llevaría, hablábamos de sus calificaciones, de sus logros, de sus premios. En la casa todos podemos platicarte historias agradables o graciosas de esos momentos. Desde como mi hermano León tiraba siempre el refresco o el salero o el plato de chiles encurtidos, hasta como la gente nos miraba extrañada cuando cantábamos “Por estos favores” y “me lavo las manitas”.

Pienso que Jesús trataba de capturar momentos así cuando pidió a sus discípulos que tomaran esos elementos en memoria de Él. La “cena del Señor”, la cena conmemorativa, debería transformarse en un verdadero momento de comunión, (comunión viene de la palabra koinonía, es decir compañerismo, los evangélicos le tenemos miedo a la palabra por el contexto católico romano), esta ordenanza debería ser una celebración de alegría y amor, donde disfrutamos del compañerismo que Jesucristo tiene con nosotros y el compañerismo que tenemos unos con otros.

Dice la Biblia: La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo? La cena del Señor debe ser una celebración de cómo Jesucristo mediante su sangre nos reconcilió, es decir nos hizo compañeros nuevamente de nuestro Dios y Padre.

Jesucristo nos reconcilió con el Padre por medio de su sangre porque “Sin derramamiento de sangre no hay remisión de pecados”. La cena del Señor es recordar que Jesucristo tuvo compañerismo con nosotros al grado de llamarnos sus amigos: “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos” (Jn. 15:13)

Dice la Biblia: Siendo uno solo el pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo; pues todos participamos de aquel mismo pan. La “cena del Señor” debería ser una celebración de cómo Jesucristo nos reconcilia unos con otros para formar un solo cuerpo, Su Iglesia. Jesucristo nos hizo compañeros unos de otros, nos hizo necesitarnos unos a otros, Nos da amor los unos por los otros.

La cena del Señor, es la celebración del amor que existe entre los creyentes como dice la primera carta de Juan: Si andamos en luz como el esta en luz tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo nos limpia de todo pecado. Jesucristo nos instruyó: En esto conocerán todos que son mis discípulos: si tuvieres amor los unos por los otros.

La cena del Señor, la cena conmemorativa, la ordenanza... debería parecerse más a una comida de compañerismo donde recordamos los momentos alegres o tristes, graciosos o solemnes, un momento en el que recordáramos porque somos una familia, un momento en el que Nuestro Padre nos reuniera alrededor de una mesa para convivir y recordar que así conviviremos en su presencia. Jesucristo dijo: “No beberé más de este fruto de la vid, hasta aquel día en que lo beba nuevo con vosotros en el reino de mi Padre”. (Mt. 26:29)


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2 comentarios:

webmaster dijo...

Muy bueno tu artículo, la Koinonia(Comunión), el Ágape y Filios(Amor Divino y Amor Fraternal) y la Eucaristía(Acción de Gracias) deberían ser signos característicos de la celebración de la Cena del Señor, propios de la Ekklesia(Comunidad o asamblea) de Dios, vivir de manera comunitaria el mensaje de Jesucristo nos alienta y nos motiva a desarrollar una vida cristiana más rica y completa que una marcada por el seguimiento de tradiciones y rituales que muchas veces carecen de significado y por lo tanto, de trascendencia para el pueblo de Dios.

Siempre me pregunté como era posible que los cristianos del primer siglo se emborracharan durante la cena del Señor con tan solo una "copita" y un "pedacito" de pan, como lo hacen ahora.

Gracias por tu aporte, saludos.

El Perro dijo...

Webmaster: Yo también me lo preguntaba, nadie lo expresa mejor que Wolfgang Simson:

"La Cena del Señor era en realidad más una comida substancial con un significado simbólico que una comida simbólica con un significado substancial"


Como dijo Cantinflas: "Ahí esta el detalle".