viernes, 23 de diciembre de 2011

De saber que vendrías, te tendría un pastel...

Horneé mi primer pastel cuando tenía unos 10 años. Lo hice por el cumpleaños de una de mis hermanas, sin ayuda de nadie y en ausencia de la familia (tremendo regaño recibí de mi madre por encender el horno sin la supervisión de un adulto).

Solo se necesitó un pastel hecho en casa para celebrar un cumpleaños, el cumpleaños de una hermana a la que amo. Ella fue la razón de esa pequeña y significativa celebración.

Quizá por ello me resulta empalagosa y sobrecargada la navidad. Porque, aún y cuando podríamos celebrar ese "cumpleaños" con un sencillo pastel, hemos decidido hacer "la gran fiesta" y perdiéndonos en la misma olvidamos el motivo, la razón de de celebrar.

Ese "cumpleaños" de quien vino a dividir la historia.

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