domingo, 19 de febrero de 2012


¡Cambien su manera de pensar! -Anunciaba el Profeta-, aunque nadie prestaba atención. Los creyentes estaban demasiado ocupados en cambiar la religión de quienes les rodeaban, en congresos y conferencias para aprender a dar testimonio de su fe y en hacer la voluntad del Señor (aunque a ciencia cierta desconocían cual era).

¡Les faltan cojones para abandonar su comodidad y sus paradigmas! ¡Les faltan cojones para hacer lo necesario aunque pierdan popularidad! -Estalló el Profeta-, la gente prestó atención, pero solo para censurarle.  Los más condescendientes le invitaron amablemente a medir sus palabras por causa “del reino”, mientras algunos maquinaban como silenciarlo permanentemente.


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