
"Recientemente el modelo corporativo empresarial ha llegado a ser una imagen dominante en la autocomprensión eclesial en Norte América y de allí se ha exportado al tercer mundo. Técnicas empresariales poco a poco han ido dejando su estampa sobre la teoría y las prácticas de la administración eclesiástica. El "rendimiento" de la congregación es evaluado en términos comerciales de ganancias y pérdidas.
El programa de la iglesia se lleva a cabo con un ojo fijo en la competidora (la congregación más cercana) y con otro ojo se fija en la tarea de mantener satisfechos a los clientes (los miembros de su propia congregación). Las estrategias y técnicas evangelísticas se asemejan mucho a las utilizadas por los agentes de ventas. Y en el proceso las formas en que el evangelio es ofrecido y distribuido es determinado principalmente por las demandas del público.
Se fomenta la participación de los individuos en la iglesia mediante imágenes comerciales y bancarias. Se solicitan ofrendas como si éstas fueran una inversión. Se invitan a los feligreses a ofrendar con la promesa de recibir el doble sobre lo invertido, o un rendimiento del 100%.
Los ministerios de la iglesia, según este modelo, ya no son los carismáticos como lo fueron en el Nuevo Testamento donde la iglesia era percibida como una comunidad sostenida por los dones de la gracia de Dios. En cambio, se conciben en términos de dirección y personal, elementos esenciales para la buena marcha de toda empresa, secular como eclesiástica".
180x6: Día a día en el Camino.
por Miguel Quintero